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El patrimonio histórico: ese pequeño gran anhelo

El patrimonio histórico: ese pequeño gran anhelo

Por GUILLERMO DEFRANCO (*)

La posibilidad de que el Concejo Deliberante se expida protegiendo el casco fundacional de City Bell y lo declare patrimonio histórico y arquitectónico es una noticia esperada desde hace por lo menos dos décadas. La expansión sufrida por la localidad en el último cuarto de siglo indefectiblemente provocó efectos colaterales negativos sobre el patrimonio material e inmaterial.

El autor del trazado citybellino lo encuadró entre las actuales calles Güemes y Alvear y Camino Centenario y 24. Tan parte del casco histórico es la franja comprendida entre esta última arteria y el camino General Belgrano, que en ella funcionó el primer horno de ladrillos instalado en 1914 por don Eusebio Carnevale, a la sazón primer arrendatario de tierras del pueblo que aún tenía todo por construir. De esas tierras salió la materia prima para los ladrillos que dieron forma a la casa de Cantilo y 7 y el antiguo tanque de agua corriente, aún en pie en 21 entre 12 y 13.

Lo que nos queda de los relatos de los pioneros, de los antiguos pobladores y sus descendientes, es que quien ponía un pie es esta tierra era un trabajador de su arte, su oficio o su profesión, pero el hecho de radicarse aquí era en sí mismo una decisión de contribuir a la construcción de la por entonces nueva comunidad que somos hoy.

Y que indefectiblemente todos se conocían no sólo por el hecho de ser muy pocos, sino porque había un celoso sentido de pertenencia al lugar, sentimiento que perdura en la vecindad de hoy, aún en muchos de los que en los últimos años eligieron City Bell como lugar para afincarse, como su lugar en el mundo. De allí que defendemos las viejas construcciones porque forman parte de nuestra memoria visual, pero también porque cada una de ellas encierra una historia que, al precedernos, contribuyó a la construcción de nuestro presente. Defendemos los espacios verdes y los árboles porque son parte de nuestro aire puro, de nuestro paisaje; son cobijo para nuestros pájaros, juego para nuestros niños, sombra para nuestras conversaciones.

Proteger el casco histórico va más allá de evitar que se sigan demoliendo o deformando antiguas construcciones; es consolidar nuestro presente y tomarlo como referencia para saber hacia dónde queremos avanzar. Que el proyecto de marco legal que se anuncia sea la caja de resonancia del sentir vecinal, de lo que fuimos, de lo que somos: algunas decenas de miles de vecinos con las raíces bien hundidas en la tierra que amamos.

(*) Vecinos de City Bell. Periodista.

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